CORRUPCIÓN

(La Teoría Menos Conspirativa)

Si alguien me preguntara lo siguiente: “¿Qué harías si en medio de una avenida interestatal de California te encontraras un billete de 20 dólares?”, mi respuesta sería ésta: “Tomando en cuenta que por esa vía pasan probablemente más de 200,000 vehículos en 24 horas y que es prácticamente imposible ver a una persona en medio de esa avenida, tomaría esos veinte dólares y me marcharía con ellos sin dudarlo.” Pero si en cambio, me preguntaran lo siguiente: “¿Qué harías si en medio de una avenida interestatal de California te encontraras un equipaje con cien mil dólares?”, respondería así: “Juntaría rápidamente una autoridad policial con algún medio de comunicación a fin de hacer eco de la noticia para que ese dinero llegue a donde pertenece.” Ahora, te haré dos preguntas fundamentales: ¿Está mal alguien si decidiera ir igualmente con los 20 dólares hacia las autoridades correspondientes? ¿Soy yo un corrupto por adueñarme de los 20 dólares? Pienso firmemente que, aunque parezca exagerado, no está mal quien decida entregar los 20 dólares y eso no significa que yo sea un corrupto absoluto por quedarme con ellos. Pero cien mil dólares dejarían en la quiebra a cualquier empresa y dudo que 20 dólares lo hagan. Ahora, ¿Dónde comienza el gran problema de fondo? La interrogante gigante empieza con los siguientes cuestionamientos: ¿Y si los 20 dólares pertenecían a una mujer en extrema pobreza que come con menos de un dólar y cuyos 20 dólares eran todo su sustento? ¿Acaso importan más los intereses del que fuera posiblemente rico que los del desvalido? Te aseguro que estas cosas nos pondrían a discutir durante meses y pongo seriamente en duda la resolución concluyente y absolutamente justa de estos casos.

No existen pergaminos ni pruebas fehacientes que testifiquen el primer caso de corrupción en el mundo, por lo que es imposible hablar de la historia más remota de corrupción en la humanidad. Solo se sabe que desde muchos años antes de Cristo se venían denunciando casos de corrupción, como los actos de soborno y falsificación en el reinado del faraón Ramsés en Egipto, el robo político de Demóstenes y la especulación de Pericles en la construcción del famoso Partenón, etc. Todo esto, sin contar con los actos ejecutados por la plebe. Lo cual evidencia claramente que no se puede hablar de corrupción como una palabra generalizada, sino como un conjunto de interpretaciones y lecturas, según las circunstancias. Ejemplo: No es lo mismo corrupción política que corrupción fiscal, tampoco es lo mismo prevaricación que nepotismo y así podríamos continuar. Pero la mayoría de la gente extrapola esta palabra solo a consideraciones gubernamentales o propias de la alta burguesía, sin embargo, una persona que conscientemente se queda con el dinero que un pulpero le devuelve de más en un barrio humilde, es igual de corrupto que un empresario o político que blanquea grandes capitales, aunque esto de ninguna manera quiere decir que ambos delitos fueron igual de grandes, pues hay niveles del delito. No todas las acciones delictivas deben ser castigadas en las mismas proporciones y lo explicaré más adelante.

Hay que saber en qué escenario se debe utilizar la palabra “Corrupto”. Muchas veces he escuchado amigos que tras ver a personas tomando alcohol y bailando en un centro de diversiones, dicen lo siguiente: “¡Cuánta corrupción Dios mío!”, y esto me parece incorrecto. Aunque desde el punto de vista religioso, podría tener cierta connotación, la cual podrás ver en la frase final de este texto. El origen etimológico de esa palabra viene del latín “Corruptio”, que en términos parciales tiene que ver con romper, dañar o hacer que algo se pudra y en términos generales es algo así como lo siguiente: “Contaminar un proceso de bien o romper las leyes de forma asquerosa.”, se refiere al hecho de quebrantar lo comúnmente correcto o aceptado, pero ¿Las leyes son siempre justas? El gran filósofo Sócrates decía que había que cumplir las leyes, aunque fueran injustas. Por ahí comienza el estado de derecho. No debemos actuar como los antisociales. Si no estamos de acuerdo, entonces, civilmente hagamos algo para cambiarlo canalizando correctamente el “Due Process”, pero violar la ley no es la solución. Y te lo está diciendo alguien que (Conscientemente) ha cruzado el semáforo en rojo a altas horas de la noche por el nivel de vulnerabilidad ante la delincuencia social. Entonces ¿Eso quiere decir que la gran mayoría de ciudadanos somos corruptos por irnos en rojo a altas horas de la noche? ¿Somos corruptos por tirar un simple “vasito” plástico en un monte grande cuando nadie nos ve? ¿Somos corruptos por tomar copias a libros de texto en la universidad para no tener que comprar el libro original y de esta manera lograr que el aprendizaje sea menos costoso? ¿Esas cosas nos hacen corruptos o corruptores? Creo que en cierto modo sí, pero también creo (Como expresé anteriormente), que hay niveles del delito y circunstancias para juzgarlo. Tomar una simple copia a un libro que te prestan en la biblioteca de la universidad no es un delito grave, en eso estamos claros. El problema es que para quien ejerce sus derechos de autor y goza de propiedad intelectual, éste no es un delito pequeño, o sea, quien escribe este texto que estás leyendo ahora mismo es productor de un libro llamado: “Cuentos y Reflexiones Dominicanas” colocado en Amazon Kindle y me he molestado en el pasado al ver algunas réplicas reproducidas en la WEB de mi libro, pero yo no me molestaba para nada cuando tomaba copias a muchos libros en la universidad hace una década, o sea, que soy bueno cuando yo soy quien hago el mal, pero el otro es malo cuando me hace el mal a mí. La corrupción siempre estará presente, no en unos, sino en todos. Debes entender lo siguiente: No importa si eres un ciudadano común, una doctora, un funcionario público, un procurador de la república, una jueza, un pastor evangélico o el presidente de una nación. Ninguno de nosotros es perfecto ni ante Dios ni ante las leyes y esto de ninguna manera justifica los hechos malvados de algunas personas, pero pone nuestros pies en la tierra y nos hace analizar muy profundamente antes de juzgar a alguien.

La infinita relatividad de las cosas es lo que complica la “verdad”. Ejemplo. Supón que tu madre sufre el síndrome de miocardiopatía por estrés y recientemente su doctor te dijo que su cuadro clínico es muy grave y que ella no puede tener sorpresas repentinas bajo ninguna circunstancia, pero al día siguiente quisiste jugar un poco con ella y le diste un susto muy fuerte, lo cual produjo su deceso inmediato. ¿Éste fue un acto de corrupción sí o no? Antes de que dures algunos años para poder llegar a una respuesta decisiva, debes saber esto. Un gran pensador alemán llamado Johannes von Kries creó a finales del siglo antepasado una teoría llamada Causalidad de la Adecuación, que en ciencias jurídicas y criminología se estudia para llegar a conclusiones ante situaciones difíciles en materia de derecho penal y otras áreas. Esta teoría puede resultar algo complicada, pero la simplificaré con el ejemplo del que hablé anteriormente para no amargarte la vida. La Teoría de las Causalidades Adecuadas dice que el resultado de la muerte de tu madre fue producido por ti si se evidencia que le provocaste ese susto conociendo su estatus, ahora bien, aun así, esto seguiría siendo una conjetura y un juez no puede saber a ciencia cierta si le provocaste ese susto por simplemente jugar con ella o si lo hiciste intencionalmente, porque venías arrastrando un odio profundo desde hace años y te escudaste de que solo querías jugar un poco. Lo mismo ocurre en una localidad donde se comprobó que se comenzó a propagar un virus sumamente peligroso para ese país, pero sucede que en esa localidad se ha descubierto que operan una serie de laboratorios experimentales y clandestinos. Muy probablemente el juez ni sea científico, ni sepa mucho sobre esas ciencias, lo cual en principio solo le permite inferir con la ayuda de algunos peritos que esos laboratorios fueron una adecuada causalidad del virus. Entonces ¿Cuál es la tabla de medida que permite juzgar a los más corruptos y a los menos corruptos? NO EXISTE TAL TABLA. En derecho penal, se te podrá juzgar sobre la base de tres figuras según el código de cada país y la consideración que el juez establezca, pero que generalmente son: Eximente, Atenuante y Agravante. La primera exonera o libera a un individuo de su responsabilidad penal (Dependiendo el caso), si cumple con ciertas características, como, por ejemplo: Padecer algún trastorno psicológico fuerte. La segunda provoca que el individuo tenga una gracia o disminución de la pena en circunstancias como, por ejemplo: Colaborar con los investigadores del suceso. Y finalmente, la tercera eleva la pena de la persona por tratarse de un evento sumamente grave y evidente. Un ejemplo de esto es ser un asesino en serie. O sea, todos éstos son elementos cualitativos del derecho procesal penal respecto a actos de corrupción, pero no existen elementos que sean 100% cuantitativos para medir estas consecuencias.

Las teorías conspirativas surgen a partir de las cosas que se pueden dudar. Absolutamente nadie puede dudar acerca de que la palabra Corrupción nos queda demasiado grande, es sumamente gigante para nuestro entendimiento. Es lo mismo que decir que el sol no calienta y que eso es una conspiranoia. El sol de nuestro sistema es una realidad tan grande que, si por obra de Dios lograras acercarte a él, a un millón de kilómetros, te servirían en un cubo de KFC en cuestiones de segundos, aunque me encantaría escuchar la teoría del terraplanismo al respecto mientras como “popcorn.” No hay forma de que la corrupción no sea parte de la misma concepción humana, pero debo decirte que Dios existe. Él es real y es quien nos ayuda a tomar las mejores decisiones en la vida. Ninguno de nosotros tiene la calidad moral para venderse como justo. En algún momento alguien ha violentado los cableados eléctricos de su comunidad o negocio para no pagar la energía. Alguien ha falsificado una receta médica. Alguien ha engañado al fisco. Alguien ha mentido, robado o matado. Dios es el único que puede hacerte una persona honorable si siempre lo buscas en secreto y de rodillas como lo hizo el viejo “Negrito” hasta el día de su muerte.

“Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”

– Mario E. Hidalgo

– Escuela de Pensamiento Intelectual (EPI)

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