HUMÁNIDOS

  • Ya mi hermanito va a nacer papá. ¿Qué nombre le pondrán? A propósito, padre, si no estamos vivos, entonces ¿Por qué podemos hablar entre nosotros ahora mismo?
  • Cierra la boca Crown, no te dejes engañar por los humanoides. Estamos totalmente vivos y acabaremos con ellos.
  • ¿Por qué les llamas humanoides papá? Ellos son humanos y tienen deberes y derechos como nosotros.

Te equivocas hijo mío. Los gigantes pierden sus derechos por no cumplir sus deberes. Les llamo humanoides, porque es lo que son, unos hipócritas. Ellos se denominan a sí mismos “humanos”, hacen réplicas llamadas “Robots” y paradójicamente intentan que sus réplicas actúen correctamente como ellos deberían actuar, mientras que ellos se parecen cada vez más a los autómatas que ellos mismos diseñaron. Aún eres un niño Crown y tienes mucho por aprender. Esos malditos gigantes son incoherentes y despiadados. ¡Nunca te fíes de ellos! ¿Sabes por qué nos llamamos humánidos? Porque nos dedicamos a comernos a los humanos vivos. Esa palabra fue creada por nuestros ancestros hace miles de años en las murallas esfinterianas. Ni los humanos, ni el DRAE, ni el Larousse conocen la palabra “Humánido”. Fue la representación literaria de nuestros sabios y monjes ancianos para representar nuestra hambre por los pulmones humanos.

  • ¿O sea, que somos caníbales papá?
  • ¡Deja de decir idioteces Crown! Los caníbales se comen entre ellos mismos y nosotros no hacemos eso. Nosotros simplemente engullimos humanos. No somos caníbales, somos humánidos y para esta civilización esto es una religión. Es deshonroso para este linaje que alguien se niegue a comérselos vivos.
  • Pero papá. No me niego a acabar con ellos, aunque quiero saber por qué tenemos que comernos a los humanos. Debe haber una razón.
  • Hijo, ¿Cuándo nos has visto pelear entre nosotros mismos o con alguna de nuestras variantes? Somos coherentes y unidos. Pero ellos sólo ocupan un lugar en el espacio y no es que les tengamos odio, sino que la naturaleza es así. Te explicaré por qué ellos son nuestra comida.

Hace miles de millones de años, al suroeste de la Galaxia de Andrómeda, existió una tribu llamada “Bactermoon”. Ellos sabían perfectamente que millones y millones de seres vivientes habitarían el multiverso a lo largo de la existencia, pero también sabían que algún día la sobrepoblación sería un factor incontrolable. Se dice que uno de los 65 monjes sabios del cosmos traspapeló un pergamino en papiro de meteoro que contenía las normas proféticas del futuro y jamás lo encontró. Mucho tiempo después, las culturas ulteriores habían adoptado como suyas todas las enseñanzas descritas en esos lienzos antiquísimos. Esas normas no eran más que guías acerca de lo que podíamos hacer con la comida, la vestimenta, la cultura, la música, etc. Era la naturaleza misma de las cosas. Ejemplo. En el planeta tierra, muchos verían como algo negativo matar a un oso negro porque es un asesinato contra esa casta, sin embargo, otros lo verían como algo positivo, porque la piel de ese oso sería el abrigo perfecto para los impetuosos tiempos de frío. Entonces ¿Quién tendría la razón? Ambos la tienen y al mismo tiempo ninguno de ellos, porque esto es totalmente relativo. La naturaleza biológica y la naturaleza misma de las cosas es la que va definiendo el instinto y el sentido común en la vida. Así que esas fueron las enseñanzas hijo mío.

Hay humanos que se pasan la vida en la iglesia predicando la bondad y el amor, pero no se atreven a dar un plato de comida o un empleo a su vecino desvalido. También hay pobres que no van a la iglesia, aunque los inviten y prefieren quedarse practicando brujería y jugando lotería. Hay vegetarianos que se pasan la vida criticando a los carnívoros, pero ellos despedazan y devoran las hierbas, lo cual es una ofensa filosófica para la botánica y un crimen de lesa humanidad, o sea, que sólo tenemos dos caminos en tal sentido; O dejamos de comer cualquier cosa y morimos de hambre o la solución es ser omnívoros. ¡Pues no! La solución es simplemente dejar de criticar y asumir la naturaleza de las cosas según nuestra posición.

  • Así que ya sabes hijo mío, hoy tenemos un delicioso manjar y es simplemente nuestra naturaleza comernos a esos hipócritas. Se me olvidaba decirte que ya tu hermanito nació, está en la cuna. ¡No lo despiertes! Tu madre y yo ya le pusimos un nombre. Se llamará Ómicron.
  • Lindo nombre papá. Gracias por tus enseñanzas. Iré a conocer a mi hermanito, pero tengo mucha hambre. Primero voy a comer algo. ¡Regreso enseguida!

Mario H.

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